…..Quizas es un poco exagerado, ¿ cuantas tiendas de Uniclo habeis vista llenas a tope ?…….Ellos se definen como Speciality retailer of private label apparel manufacturer retailer model ensures low cost,high quality products…ahi queda eso…

Que en París, capital del lujo, el esnobismo y la moda por excelencia, la gente haga cola en la calle para comprar ropa no está muy bien visto. Pero el pasado día 1, en plena Fashion Week y a la misma hora en la que Balenciaga desvelaba su nueva –y decepcionante– colección para la próxima temporada de primavera-verano 2010, un hecho sin precedentes acontecía en la plaza de la Ópera: la firma japonesa Uniqlo inauguraba su segunda y más representativa tienda de la capital francesa. Situada en el número 17 de la rue Scribe, esta boutique repleta de prendas básicas de mil colores supone todo un desafío. Y no sólo por sus más de 2.000 metros cuadrados de superficie; también porque está a la vuelta de la esquina de dos clásicos de la moda gala: las galerías Lafayette y Printemps. Aunque, para ser justos, el morbo y la expectación creada por la inauguración guardó un as en la manga: el lanzamiento mundial de +J, la esperada colaboración que Jil Sander ha creado para Uniqlo. ¿El resultado? «Sold out» (agotado). La apertura de su tienda insignia en París confirma a la cadena japonesa como la más seria amenaza para el todopoderoso imperio Inditex

Etiqueta fetiche
Pero, ¿qué es Uniqlo? A menos que se viaje con frecuencia a Londres, París o Nueva York, esta firma de nombre difícilmente legible, un «mix» de «unique» (único, exclusivo) y «clothing» (ropa), es casi una desconocida para el común de los mortales. Pero también una etiqueta fetiche para «fashionistas» de todo el mundo, a la vez que seria amenaza para el todopoderoso Amancio Ortega. En España aún no hay fecha para su desembarco –al menos así lo afirman desde EE UU–, pero el rápido crecimiento de la cadena hace que muchos la consideren ya «el Zara nipón». Similitudes no faltan. De Amancio Ortega (La Coruña, 1936), el décimo hombre más rico del mundo según «Forbes», ya se sabe: en 1975 abre la primera tienda  Zara, convertida en cadena a mediados de los años 80 y hoy parte fundamental del grupo Inditex, formado por ocho marcas (su último «hit» ha sido la incorporación de Uterqüe) y con 4.430 tiendas en 73 países (1.341 son de Zara).
Sobre Tadashi Yanai (Yamaguchi, 1949), un completo desconocido en España, sabemos, sin embargo, que también tiene su puesto en la revista «Forbes»: es, sin más, el hombre más rico de Japón. Fundó y preside otro grupo textil, Fast Retailing, propietario de Comptoir des Cotonniers, Princesse Tam.Tam y Uniqlo, su gran éxito y cuya primera tienda se abrió en Hiroshima en 1984. En 1991 comienza su expansión como cadena, primero dentro de Japón, donde hoy tiene más de 760 puntos de venta, y después en otros mercados asiáticos, como Corea, China, Hong Kong y Singapur. Pero el gran salto aún estaba por llegar. Convertido en un fenómeno social y símbolo del «cheap chic» (chic barato) en el continente asiático, Uniqlo aún prometía un gran pelotazo: el desembarco internacional. El propio Yanai reconocía su importancia en una entrevista concedida a «The New York Times»: «Las empresas que sólo venden en Japón tendrán que dejar de hacerlo antes o después». Una aparente incongruencia, pero pura lógica tratándose de un país en el que la población envejece de forma acelerada y la competencia es cada vez mayor como consecuencia de la globalización. El año 2001 es, por eso, una fecha clave: las cinco primeras tiendas Uniqlo europeas se abren en el Reino Unido (hoy son ya 14 los puntos de venta; Zara tiene 63) y, aunque el gran paso ya estaba dado, se trataba sólo del comienzo de una estrategia de expansión internacional, que alcanzó sus máximas cotas de «agresividad» al llegar a Norteamérica. Una única tienda en EEUU, situada en el SoHo neoyorquino, ha sido suficiente para poner a la firma japonesa a la altura de otras grandes cadenas top como Gap, H&M o, de nuevo, Zara.
Propuesta democrática
Pero Uniqlo «is different». Su «leit motiv» son el lujo por la sencillez, pureza y calidad. Uniqlo no copia, pues «no todo el mundo ve fácil llevar lo que se ve en los desfiles», afirma Tadashi Yanai. Sus prendas son extremadamente básicas, en algodón y «cashemire» principalmente, y repetidas en decenas de colores sin apenas estampados, ni etiquetas ni logos a la vista. Cien por cien minimalismo nipón. Uno puede entrar en cualquier boutique Uniqlo y salir con una misma prenda en varios colores diferentes. Su relación calidad-precio es excelente, su propuesta resulta democrática («ropa para todos y para todo momento»), y su marketing, perfecto en estos tiempos que corren (promociones en el interior de las tiendas y panfletos con descuentos que se entregan por la calle). Por eso, Uniqlo es hoy, junto a American Apparel (la penúltima etiqueta moderna que triunfa en el mundo, incluida Barcelona, con su ropa simple de inspiración deportiva y a precios nada democráticos), la marca de referencia entre una selecta y amplia clientela a medio camino entre la cultura indie y la estética «fashion». Exactamente igual que las dos últimas caras de sus campañas: Chlöe Sevigny y Agyness Deyn, quien presta su imagen a la colección deportiva «The sport of life» y que comparte fotos con Gabriel Aubry, novio de Halle Berry, y Luke Worral, conocido por ser –o haber sido– novio de Kelly Osbourne.


Marca de celebrities
Como la  auténtica «celebrity» a escala mini que es, Suri Cruise también compra en Uniqlo (y en Gap y American Apparel, cómo no). Por eso, es fácil verla de compras, siempre en brazos de su madre y mentora «fashion», en la mega tienda que la firma japonesa tiene en el SoHo neoyorquino. Otras que nutren su fondo de armario son la hija de Madonna, Lourdes María, Kirsten Dunst, Diane Kruger e, incluso, Kate Moss y Penélope Cruz.